Siempre creí que la vida tenía sentido, que los problemas del trabajo eran reales, que era esencial "llegar a ser alguien en la vida". Pero hoy, frente a mi casa, un perro callejero me miraba con ojos suplicantes, rogaba por tener compañía, alguien que lo cuidara y alguien a quien importarle. Así que le serví un plato de comida, por que en el fondo yo también estaba solo, en el fondo no le importaba a nadie. Y asomó en mi rostro una sonrisa y en mi mente la idea de que la vida humana no tiene sentido.
05 / 10 / 2007