Si últimamente no he posteado nada en el blog, no es por que "no haya tenido tiempo". Tiempo siempre hay, de una manera u otra, pero ánimos no.
En semanas pasadas mi estado de ánimo ha sido un poco como una montaña rusa: de arriba a abajo sin ton ni son. A veces, me pongo melancólico y no se por qué, me dan ganas de correr y no sé a dónde ir. No puedo escapar, por que mis problemas, mis demonios internos, están afuera, en cada oficina, en cada burócrata y en cada político.
Vivo en una maldita sociedad de "doble moral" y eso me cansa mucho. En esta sociedad, les enseñan a los niños que no hay que mentir, que hay que ayudar a los que lo necesitan, que los policías son "buenos", y demás "valores".
Cuando esos niños crecen y van abriendo los ojos, se dan cuenta que la gente miente de oficio, que la iglesia hecha a patadas a los hambrientos que se atreven a pedir limosna, que los policías te pueden clavar un paquete de mota... Y esos niños que ahora son unos jóvenes, no pueden creerlo, todo lo que les enseñaron vale gorro, y se dan cuenta de que estamos hasta el cuello de corrupción y malas prácticas, desde el presidente o diputado transa, hasta el profe que pide dinero por pasar la materia.
Y a uno con la juventud por dentro le cuesta tragar tanta amargura, uno quiere luchar, componer todo, hacer que las cosas vayan bien, que todos seamos buenos. Entonces gritamos, denunciamos, acusamos, porque eso nos enseñaron en la clase de valores, pero nos llaman difamadores y nos dicen que nos callemos o nos va ir mal.
Y nos vamos cansando de luchar. Derrota tras derrota, vemos como el monstruo nos devora. Y los que dicen que te apoyaban ya no te apoyan, por que ellos también tienen lo suyo y se les puede caer el teatro en cualquier momento. Entonces nos cansaremos y dejaremos de luchar y poco a poco nos convertiremos en uno más, un ser insípido y sin ideales. Adoptaremos la corrupción y la mentira como estilo de vida y pensaremos "¿Por qué quería cambiar el mundo, si en realidad así está bien?" mientras llamaremos difamador y mentiroso al muchacho que nos echará en cara, con razón, toda nuestra porquería de corrupción y mentiras.
Y yo no quiero que eso me pase, entonces digo, como dijo Mafalda: "Hay que cambiar el mundo, antes de que el mundo nos cambie primero".
20 / 10 / 2007